España se convierte en un paraíso para la inversión de las multinacionales

¿Dónde invertir? La pregunta que se hacen muchos directivos de empresas multinacionales tiene una respuesta: en España. Su penetración en el tejido empresarial español continúa creciendo y ya suponen el 30% de la facturación total

La elevada internacionalización de la economía española no es nueva. Lo significativo es su aceleración histórica. Lo revelan datos de comercio exterior, pero también la penetración de las filiales extranjeras radicadas en España. En los últimos doce meses, la suma de las exportaciones y las importaciones (826.287 millones de euros) representa ya cerca del 52% del PIB, pero no es oro todo lo que reluce. Un porcentaje muy elevado de las exportaciones son empresas multinacionales que han invertido en fábricas situadas en España para vender al mundo sus mercancías.

Es decir, no son empresas de propiedad española, sino multinacionales que operan a través de filiales. Exactamente igual que hacen muchas empresas españolas con intereses en el extranjero. Lógico en un mundo globalizado en el que los capitales se mueven con libertad en función de las condiciones de cada mercado.

Las filiales extranjeras, en concreto, son responsables del 42% de las exportaciones españolas, lo que supone un negocio exterior equivalente a 214.467 millones de euros. Ahora bien, si el análisis se restringe a las actividades industriales —en las que el valor añadido es superior— el resultado es que nada menos que el 54,3% de los bienes que se venden al exterior (no se contabilizan los servicios) son fabricados por empresas multinacionales.

Este abultado porcentaje tiene que ver con que España es una de las economías más abiertas del mundo, como lo demuestra que el stock de inversión recibido ya supera el 50% del PIB, muy por encima de países como Francia, Alemania o Italia. Pero también con factores institucionales (seguridad jurídica) y estructurales, costes laborales más reducidos que en el contexto exterior.

Un lastre para exportar

Diferenciar entre empresas nacionales y multinacionales es relevante porque de esta manera se puede identificar con más precisión el volumen de empresas nacionales que exportan. Entre otras razones, porque la pequeña dimensión de las empresas españolas ha sido históricamente un lastre para abrir nuevos mercados exteriores. Algo que explica que los sectores más volcados a las exportaciones sean, precisamente, donde la presencia de las multinacionales es mayor y el volumen de negocios es también superior. De hecho, aunque las multinacionales representan apenas el 0,5% de las empresas españolas, las filiales extranjeras concentran el 30% de la facturación nacional.

Así, por ejemplo, los principales sectores en términos de peso sobre las ventas exteriores son los bienes de equipo (19,1% del total), alimentación, bebidas y tabaco (17,1%), productos químicos (16,3% del total) y automóvil (14,2%). Es decir, apenas cuatro sectores concentran el 66,7% de las exportaciones españolas.

La utilización de España como hub exportador es tan vieja como la propia apertura de la economía española en el exterior a partir de los años 60 del siglo pasado, pero en los últimos años se ha acelerado este proceso como consecuencia del incremento de la inversión extranjera directa (IED). No en vano, según los últimos datos de Estadística, las filiales de grupos multinacionales extranjeros facturan en España 794.483 millones de euros y ocupan a 2,28 millones personas. Francia, Alemania y EEUU son, por este orden, los países cuyas filiales generaron mayor cifra de negocios en 2023.

 

La penetración de las multinacionales en España, lejos de haber tocado techo, continúa creciendo, y, según un reciente informe, el número de filiales extranjeras en España se ha más que duplicado en la última década. Desde 2013, las filiales extranjeras han creado casi 900.000 nuevos puestos en España, un ritmo tres veces superior al del conjunto de la economía.

Multinacionales y productividad

Se han identificado, en concreto, 15.601 empresas de capital extranjero operando en el país en la industria, el comercio y los servicios de mercado no financieros, lo que supone un incremento del 9,8% respecto del año anterior. Lo relevante es su tamaño, lo que explica que las empresas que pertenecen a grupos empresariales (en especial a multinacionales) presentaron en 2023 mayor productividad, mayor tasa de ventas fuera de España y tuvieron mayor intensidad inversora que el resto.

Así, por ejemplo, la productividad por ocupado de una empresa multinacional equivale, según el INE, a 77.777 euros, más del doble que la cifra correspondiente a una empresa que no esté integrada en un grupo empresarial. Si se trata de una empresa industrial, la productividad roza, incluso, los 120.000 euros, frente a los 50.154 de una española.

La dependencia de España de las multinacionales no es solo cuantitativa, sino cualitativa. No en vano, su aportación al gasto empresarial en investigación, desarrollo e innovación es considerablemente más elevada que en el caso de las empresas nacionales. Precisamente, porque gracias a su mayor tamaño disponen de mayor musculatura financiera para invertir, como pone de relieve el último informe sobre el papel de las multinacionales en España.

 

Según Eurostat, en 2021 las filiales de multinacionales extranjeras en los sectores de industria y construcción realizaron un gasto de 2.040 millones de euros en I+D en España, lo que supone el 21% del gasto empresarial en I+D total en el año, y el 45,5% del gasto empresarial en I+D de dichos sectores. Es más, entre 2013 y 2021, el gasto en I+D de estas filiales en España creció un 61,6%, muy por encima del incremento del 30,1% registrado en el gasto empresarial total en I+D en España. La OCDE, en sus indicadores de calidad, muestra cómo un 42,6% de las empresas extranjeras en España ha invertido en actividades de I+D en el periodo 2020-2024, frente a un 11,4% de las empresas nacionales.

1 Comentario
  • MARIA JESUS ORDOÑEZ
    Posted at 10:27h, 30 enero Responder

    Es importante preguntarse si esta lluvia de inversiones se traduce en un beneficio para la economía española en su conjunto o si, en cambio, los beneficios se quedan mayoritariamente en manos extranjeras. Las multinacionales pueden ver a España como un lugar ideal para producir, pero eso no garantiza automáticamente que los ingresos se reinviertan localmente o que generen empleos de calidad a largo plazo. A veces, estas inversiones benefician principalmente a los propios inversores, dejando una parte más limitada del pastel para la población local.
    las multinacionales suelen recibir incentivos fiscales como reducciones de impuestos corporativos o ciertas facilidades que les permiten establecerse o invertir con más facilidad. Esto se hace con la idea de atraer capital extranjero y, en teoría, generar empleo. Sin embargo, muchos ciudadanos sienten que esos incentivos no se reflejan en su propia carga fiscal. Para las personas y las pequeñas empresas locales, los impuestos suelen seguir siendo los mismos o incluso subir, especialmente en momentos de inflación o ajustes.
    Y al final… ¿de qué sirve ser un paraíso para invertir si no logramos ser también un lugar próspero para vivir?
    España puede atraer inversiones y presumir de titulares optimistas a nivel macro, pero si esos beneficios no se traducen en alivio fiscal, empleo de calidad y una mejora real en la vida cotidiana, la brecha entre la “gran economía” y la “pequeña economía” seguirá creciendo. La cuestión no es solo cuánto capital entra, sino cuánto se queda realmente en el país y en los bolsillos de quienes lo sostienen.

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